Verguenza es algo que no me gusta sentir muy a menudo, bueno es algo que creo yo, a nadie le gusta sentir, pero a veces es inevitable.
A veces se da por un error, por algo que no pudimos contener o simplemente por no saber. Ayer casualmente, tuve la oportunidad de sentir un nuevo tipo de verguenza, que hasta ahora no había sentido de esa manera.
Verguenza de no saber.
Yo sé nadar, sé lo básico, me enseñaron cuando tenía como 10 años, en ese entonces creía que era el mejor y hasta hace poco también lo creí. Anoche, después de cerca de 10 años de haber tocado una piscina de competición me reintegro al grupo, para encontrarme en el grupo de principiantes, con niños de 4 a 22 años(mi caso), en el que un niño de 5 años me "enseñó" a nadar de espaldas.
No pude evitar reirme y pensar, es tan simple para él y tan complicado para mí. Lo bueno de esa piscina en particular, y se quedó grabado en mi mente, es que en el techo tiene pintado la frase: "Ningún logro se alcanzó jamás sin esfuerzo". Cosa que me hizo pensar y decir: "y bueee otra historia mas para postear en mi blog..." así que seguí, y seguí, y seguí... no hubo mucho cambio pero el tiempo dirá.
Lo bueno es que empecé una nueva actividad física, que con suerte me ayudará en la maratón que planeo correr en septiembre. Ánimos para mí...
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada